martes, 4 de diciembre de 2012

"No soy digno de que entres en mi casa"


El evangelio me trae a la meditación las palabras del centurión, alguien que ni siquiera era judío, es decir, era un pagano, y se acerca a Jesús a perdirle la curación de un siervo suyo, de alguien que es menos que el aún en la época en que discurre el pasaje. Tengo que asemejarme a ese centurión que tenía tanta fe en el poder del Señor, que creía tanto en nuestro Dios, que sabe que con un simple deseo de Jesús, su siervo será salvo. Pues así, yo también, en cada comunión le pido al Señor, que limpie mi corazón, que lo llene del Amor de Dios, que solo el me puede proporcionar. El Señor es el único que me puede guiar por el camino de la vida para iluminar a los que se relacionan conmigo. Con mi vida, con mis intenciones, debo dejar que mi voluntad sea guiada por el Señor, debo olvidarme de mi, para que sea el Señor quien viva mi vida por mi. Que sea yo quien camina, pero el Señor quien vive. Pero veo, me doy cuenta, que me faltan obras, ¿Que fe es la mía?, ¿Donde están mis obras?. Le pido al Señor la gracia que me haga tener esas obras que fortalezcan mi fe.

Por otro lado, hoy 3 de Diciembre es San Francisco Javier, el más grande de los Misioneros, Patrón de los mismos.  Me hace reflexionar en cuanto a mi labor anunciando el evangelio. Sabiendo que mi vocación esta donde vivo, tendría que preocuparme de ser ejemplo para mis coetáneos de lo que es mi Fe. Trabajando honradamente, amando a mi familia, cuidando de mis mayores, educando a mis hijos, pero todo ello, iluminado por el Señor, haciéndolo desde el AMOR, coherente con mi vida cristiana, y no escandalizando a quien pudiera servirle como guia, aunque el único guia tiene que ser Jesucristo. Que Dios os Bendiga. Alabado sea Jesucristo.

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