La felicidad del hombre dependerá de haber hecho o no la voluntad de Dios. La experiencia me dice que cuanto más hallamos seguido nuestro camino sin contar con el Señor más complejo será conseguir la susodicha alegría. Una vez encontrada la senda que nos marca el Señor es fundamental no abandonarla y el mejor camino para ello es la oración y la Eucaristía, esta última cuanto más asidua mejor.
Es cierto que hoy se busca la ausencia de sufrimiento, y que buscamos la alegría en cosas temporales de manera que en lugar de tener una felicidad duradera solo conseguimos pequeños periodos de felicidad intercalados con tristeza y dolor que termina en estados de ansiedad y otros problemas sentimentales.
Abracemos la voluntad de Dios, busquemos lo que Dios quiere de mí en cada momento y cogiendo el mando de mi vida guiado por la luz de Cristo busquemos la felicidad que no se acaba. Busquemos a Cristo resucitado
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