LA ORACION, es la medicina del alma e igual que las medicinas que le proporcionamos al cuerpo, la debemos tomar con un orden y una disciplina. La Iglesia Santa de Dios nos regala multitud de oraciones para realizar durante el dia y todas con un orden. Tenemos el Oficio de Lecturas, que nos propone cinco dosis de oración en distintas horas del día, pero bien diferenciadas. Tenemos luego al medio dia el Angelus a la Virgen. El Rosario nos hace meditar la vida de Jesús con sus cuatro Misterios. Todas las oraciones las deberíamos tener bien planificadas para poder realizarlas en la intimidad, con tranquilidad, sin ruidos internos o externos que perturben nuestra intimidad con Dios. La oración así es como un tratamiento para el alma que nos purifica. Luego además podemos orar con pequeñas oraciones, cuando nuestro alma nos lo pide a imitación de esos analgésicos que el cuerpo nos pide cuando más nos duele nuestras enfermedades. Lo que no deberiamos hacer nunca es tener una oración desordenada, a destiempo. Una oración así nos da una satisfacción temporal, no es medicina, sino droga que perjudica nuestra alma y en lugar de crecer espiritualmente nos cansamos y retrocedemos y al igual que las drogas terminamos por cansarnos y abandonarla

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