《No me mueve, mi Dios, para quererte,
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.》
Este es el sentimiento del católico, amar al creador, por creador y no por miedo a la condenación eterna. Nunca podremos amar a Dios más de lo que Él nos ama, ya que existimos por puro amor suyo. No somos súbditos de Dios, ni estamos sometidos a su voluntad, sino que somos hijos de Dios y debemos hacer su Voluntad solo por amor, no esperando una recompensa que por otra parte Él ha ganado para nosotros ni por miedo a una condena que nosotros mismos habriamos elegido. Cambiemos a Dios solo por Dios y encontraremos la verdadera felicidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario