domingo, 24 de febrero de 2013

"Y VOSOTROS, ¿QUIEN DECÍS QUE SOY YO?" Mateo 16,15.


Esta pregunta que Jesús hace a los discípulos en Cesárea de Filipo, me la hice yo también el viernes pasado, en la fiesta de la CÁTEDRA DE SAN PEDRO. Jesús, después de preguntar a los discípulos, quien pensaban los hombres que era El, se lo pregunta a ellos. Y Pedro afirma, «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»

Pues bien, esta misma pregunta se la hice a mi hija de 11 años, y ella me contestó,
"Pues el hijo de Dios". Y yo la vuelvo a preguntar, "¿Y tu como lo sabes, hija?, y ella me contesta, "Porque me lo han enseñado mis educadores, los sacerdotes, vosotros, la madres del colegio". Es decir, que ella ya conoce al Señor, aunque no por experiencia. 

Y yo, ¿Quien creo que es Cristo?. Pues bien, puedo afirmar, y afirmo que Cristo es el hijo de Dios vivo, que vino para librarme del poder del pecado, y que murió por mi en la Cruz. Y lo afirmo, porque el me saco de la oscuridad del pecado y me enseña el camino para terminada esta vida llegue a la gloria de la resurrección. Y todo esto lo hizo por amor. Por amor al hombre bajó del cielo y tomo la condición de esclavo. Por amor a mi, porque aunque solo yo hubiera tenido que ser salvado, también habría descendido, para salvarme. ¿Y que me pide a cambio?. AMOR, amor que le tengo que mostrar en forma de amor a mi mujer, mis hijos, mis hermanos de comunidad, sin mirar que me puedan dar ellos, sin esperar nada a cambio, solo darle amor, porque el me lo concedió a mi primero.

En esta demostración del amor a Dios, el Señor no regala otra palabra el pasado jueves (Mt 7,12) "Tratad a los demás como queréis que ellos os traten", en otra parte del Antiguo testamento, esta afirmación se hace en negativo, "No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan" Tobías 4,15. ¿Donde estriba la diferencia entre estas dos afirmaciones?, parecen similares, pero no lo son. Cuando Jesús nos pide que tratemos a los demás como quisieramos se tratados, nos lo pide que lo hagamos sin esperar nada a cambio, sin que por ello esperemos realmente ser tratados así, tratemos con amor, con respeto, como bien dice el Señor, tratemos a nuestro prójimo como nos gustaría que nos tratara a nosotros, pero repito, sin esperar que realmente seamos tratados así, y de esa manera estaremos actuando como lo hizo Cristo con nosotros que por amor se hizo hombre para salvarnos del pecado.


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