viernes, 4 de enero de 2013

«He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

"He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo"


He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, ... Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios (Jn 1, 29 y 34).

 ¿Puedo yo, como Juan, señalar al cordero de Dios?, y si le conozco . ¿Doy testimonio de El con mi vida?.

  Pues esta claro que aún tengo que caminar mucho, y dar más testimonio. Es cierto que mi vida ha cambiado, gracias al Amor del Señor por su criatura, pero no es menos cierto que aún me queda mucho por andar, mucho por dar. Caminar siempre a la vera de mi Señor, seguir sus pasos, que muchas veces son de sacrificio y sufrimiento, pero andarlos sin queja, y siempre cumpliendo su voluntad. No debo quejarme cuando me  machaquen o haga lo que no me agrada. Que sepa aceptar lo que me viene, que muchas ocasiones son a  causa de mi pecado, y aunque no lo entienda ahora, el Señor lo permite para santificarme.

 ¿Y quien soy yo para decir si algo es injusto o no en mi vida?. Debo aceptarlo todo, como el Señor me lo envía, y entonces seré feliz, pues cada vez que me opongo a la voluntad del Señor, o a lo que El permite en mi vida, ando triste por la misma.

He aprendido en estos días, algo que me ha dado mucha paz, y es el perdonar en mi corazón a todos los que me hicieron daño, y pedir perdón, que me ayudó a hacer sitio en mi corazón para que entre mi Señor, y pudiendo dar así testimonio de lo que el Señor esta haciendo en mi vida.

Hoy escuchando un programa de la radio, emitieron un fragmento de la película "Pena de Muerte", el la que el condenado se declara culpable del asesinato de las personas por las que estaba condenado. Hay un par de frases que me han ayudado a mi también a entender un poco mi situación con el Señor.

-"Ahora tienes dignidad. Ahora eres Hijo de Dios." Son las palabras que la religiosa le dirige al protagonista al declararse culpable, y al comunicar a la monja como esa noche se arrodilló en la celda para implorar por el alma de esas personas a las que había asesinado. Me recordó también unas palabras de Monseñor Munilla, diciendo que el Hombre nunca fue más grande que cuando se arrodilla en el confesionario para pedir Perdón a Dios. Así me he sentido yo en estos días, después de haber pedido perdón a las personas que he hecho daño, además de haberme sentido  más perdonado por Dios, pues, al perdonar también yo de corazón a los que me hicieron daño, hago más fuerte la oración del padre nuestro cuando decimos, "Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden".

La otra frase la dice el condenado a la monja - "Nunca tuve un verdadero amor, tengo que morir para encontrar el Amor." Haciendo alusión a que ha encontrado el amor en Dios, y que va a morir para encontrarse con El. Es una verdadera conversión en el último momento de la vida. Y esto me ha traído a la cabeza que el Señor me ha dado la gracia de conocerlo con tiempo de arrepentirme de todos mis pecados y que ahora debo ser fiel a su evangelio, y caminar siempre a su lado, y sobre todo, que en esto debo ser fiel hasta el final de mis días para no privarme de la visión del Señor al final de mis días.

Así que busquemos a nuestro Señor, hagamos su voluntad, y dejémosnos guiar por El hasta el final de nuestros días dando testimonio de su Amor a los que nos rodean. DIOS OS BENDIGA.

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